CÁDIZ 0 - ANDORRA 1
EL CÁDIZ RETRO TAMBIÉN PIERDE
CÁDIZ: Víctor Aznar, Juan Díaz, Kovacevic, Iker Recio, Sergio Arribas (Roger Martí 85'), Diakité, Kouamé (Brian Ocampo 46'), Antoñito Cordero (Lucas Pérez 68'), Dómina (Suso 68'), Yussi Diarra (Álex Fernández 85') y García Pascual.
ANDORRA: Owono, Carrique (Petxarromán 76'), Gaël Alonso, Alende, Martí Vilá, Marc Doménech, Villahermosa (Imanol García 88'), Akman, Minsu (Cabanzón 66'), Jastin García (Le Normand 76') y Josep Cerdá (Manu Nieto 76').
ÁRBITRO: Mallo Fernández (vasco). Amonestó a Kouamé, Brian Ocampo, Álex Fernández e Iker Recio por el Cádiz y a Alende y Minsu por el Andorra.
GOL: 0-1 Josep Cerdá (35').
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada 35 disputado en el JP Financial Estadio ante 13.655 espectadores.
CRÓNICA: Una confesión para comenzar: ha sido muy, muy difícil empezar a escribir esta crónica. No por eso del síndrome del folio en blanco (suena hasta antiguo eso del folio), sino por la desgana, la apatía que genera este Cádiz CF. Una apatía que tiene el equipo y que contagia. A la grada. A los jugadores nuevos. Quita las ganas. Hasta de escribir.
Y es que este Cádiz sigue a lo suyo: perder partidos sin dar señales de reacción. Las vidas extra que le están dando sus rivales por la permanencia no las aprovecha y van pasando las jornadas sin que el equipo responda. Ni en resultados ni en imagen. Por muchos brotes verdes que algunos quieran ver: este equipo no está. Ante el FC Andorra sumó una nueva derrota y volvió a desaprovechar los tropiezos de todos sus perseguidores.
Las sensaciones no invitan al optimismo. El público, de hecho, sigue teniendo paciencia: apenas presiona durante el partido, pocos pitos para lo que se ve sobre el verde. Pero este Cádiz tiene plomo en las botas.
Ha sido la quinta derrota en los últimos seis partidos de la era Sergio González. Y con los mismos síntomas: el equipo no compite y es inferior —o muy inferior— al rival. Incluso más de lo que refleja el marcador. Algunas novedades hubo: generó algo más de peligro, remató más… pero más por dos chispazos aislados que por una verdadera capacidad de crear fútbol. Y, eso sí, aguantó algo más sin encajar: esta vez, 35 minutos. Aunque el gol llevaba tiempo mascándose.
La sensación es que el técnico tampoco da con la tecla para cambiar la dinámica. Cambia nombres, mueve piezas, agita el once como quien sacude una coctelera en busca de algo que funcione… y nada cambia. Cinco novedades introdujo Sergio González en el equipo inicial y, sin embargo, la sensación volvió a ser la misma: un conjunto plano, sin pulso y cada vez más lejos de parecer un equipo que se está jugando la vida.
Ni rastro de esa urgencia que exige la clasificación. Ni el punch con el que se le presupone debe salir en un choque de esta trascendencia a quien camina al borde del abismo. El Cádiz salió, sí, algo más arriba, con Diarra intentando activar la presión, pero todo fue un espejismo breve, insuficiente, casi decorativo. Porque detrás de ese gesto no había ni continuidad ni ideas.
Dos datos sirven para resumir lo que fue el primer tiempo. El primero: el primer disparo del Cádiz entre los tres palos no llegó hasta el minuto 34. El segundo, más preocupante: el FC Andorra manejó el 72% de la posesión en la primera mitad en el Nuevo Mirandilla. O, si se prefiere, en el JP Financial Estadio, que para según qué cosas sí se moderniza rápido el club. El Cádiz, mientras tanto, sobrevivía. Sin balón, sin plan y, lo que empieza a ser una constante, sin alma.
Un zombi sobre el terreno de juego que aguantó 35 minutos antes de encajar. Con un FC Andorra monopolizando la posesión y un Efe Akman omnipresente, Cerdá controló un balón en la frontal, se orientó y lo colocó junto al poste, haciendo inútil la estirada de Víctor Aznar.
De nuevo el Cádiz defendía muy atrás, con los zagueros aculados cerca del punto de penalti, lo que generaba peligro casi por inercia: un disparo, un posible penalti como el del Córdoba… y muchísimos metros por delante cuando el equipo intentaba salir. El gol solo confirmó lo que ya se intuía.
El cuadro amarillo —esta vez de azul por esa inexplicable decisión del club de apostar por una camiseta retro de la segunda equipación para jugar en casa— hizo lo habitual. Como el animalillo al que se pisa sin querer y se revuelve. Tuvo una, eso sí: García Pascual, de los pocos que lo intenta, estrelló su disparo en el poste tras una acción individual. Minuto 37. Hasta el descanso, de nuevo, la nada.
La entrada de Brian Ocampo en el descanso reactivó algo al equipo. El uruguayo protagonizó un par de buenas llegadas que generaron cierta sensación de peligro. Hasta que en una de sus habituales acciones impulsivas vio una amarilla que incluso pareció poco castigo. Pudo ver la segunda en un par de ocasiones, pero, como ante el Córdoba, el colegiado se la perdonó.
El Cádiz se fue cayendo como siempre. En el juego y en la fe. Un disparo de falta de Antoñito Cordero cerca del poste de Owono cerró ese breve tramo de conexión. A partir de ahí, el control volvió a ser visitante y la impotencia, local.
Hasta el punto de que la grada comenzó a cantar “Sergio, cambia ya” buscando una reacción. Y el técnico movió el banquillo: dio entrada a Suso y a Lucas Pérez. Y el equipo, es cierto, mejoró.
En el 68, el gallego estuvo a punto de firmar el regreso soñado. Una buena acción de Ocampo terminó en un centro que Lucas cabeceó buscando la escuadra. Cuando se empezaba a cantar el gol, apareció Owono con una gran intervención para evitarlo.
El Cádiz se animó. Al menos por unos minutos salió de esa depresión colectiva y futbolística que parece llevarle camino de Primera RFEF. Los cadistas dispusieron de dos buenas ocasiones, un remate forzado de García Pascual y sobre todo un lanzamiento lejano de Suso que encontró una buena intervención del meta visitante.
Ahí se acabó la pólvora. Minuto 79. Comenzaron a llegar los errores y la falta de continuidad y el FC Andorra no pareció muy exigido para amarrar los tres puntos. Sergio González lo siguió intentado de todos los modos... con más cambios y movimientos en las posiciones...
Y hasta con Víctor Aznar subiendo a rematar los últimos saques de esquina. Pero ni siquiera hubo eso, remate. Los amarillos no volvieron a disparar con verdadero peligro y desaprovecharon una gran oportunidad de haber cogido oxígeno en forma de ventaja respecto al descenso.
Perdió como hicieron Zaragoza y Cultural y ve como Mirandés y Huesca le recortan un punto tras remontar (todos los equipos de abajo son capaces de al menos igualar cuando están por debajo en el marcador. El Cádiz, no).
Y lo que es peor, las sensaciones son casi más negativas, si cabe, que los resultados. Si es posible, claro. Si es posible que sea más negativo que 4 puntos de los 42 disputados en lo que va de segunda vuelta. Pero es que las sensaciones son de un equipo sin capacidad, sin fuerza para rebelarse contra lo que empieza a parecer su destino irremisible.
Incluso este partido ante el Andorra deja unas sensaciones y una imagen en la retina que luego no se traducen del todo en las estadísticas. El cuadro visitante tuvo más el balón, eso es innegable, pero la sensación es que el Cádiz generó muy poco.
Los números reflejan más tiros, más remates entre los tres palos y más saques de esquina del Cádiz, además de más paradas del meta visitante. Pero la impresión real es que el Cádiz estuvo lejos de puntuar.
Así las cosas, el Cádiz sigue en un marrón. En un marrón en el que se ha metido él solito y en el que no está claro que vaya a ser capaz de salir. Sigue dependiendo de sí mismo en lo matemático, pero las sensaciones futbolísticas son cada vez más en la línea de que si logra salvarse, será porque los deméritos de los cuatro equipos que bajen serán mayores aún que los deméritos del Cádiz. Si es que se salva, porque la situación sigue siendo más que peligrosa.
cadizdirecto.com
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