Colectivo de seguidores del Cádiz CF. Desde 2002 hasta siempre. Con alma amarilla y corazón cadista, llevamos más de dos décadas dejando nuestra voz en el fondo sur del Estadio Mirandilla. 13 almas unidas por la pasión, creciendo ahora con la fuerza de una nueva generación: los hijos ya se suman al rugido.
Sulfuro Amarillo no es solo un nombre, es una forma de vivir el fútbol. Fieles, ruidosos y eternamente cadistas.
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domingo, 4 de mayo de 2025
PESE A LA VICTORIA EN LA ÚLTIMA JORNADA ANTE EL SAN FERNANDO (2-0)
EL CÁDIZ MIRANDILLA DESCIENDE A TERCERA RFEF
Ya no hay marcha atrás. El Cádiz CF Mirandilla y el San Fernando CD jugarán la próxima temporada en Tercera Federación (quinta categoría nacional). La victoria del filial, merecida, no vino acompañada de los marcadores necesarios porque desde muy pronto tanto el Villanovense como la Balona pusieron tierra de por medio en sus encuentros. Pese a esto, el San Fernando dependía de sí mismo pero por enésima vez exhibió su descomposición sobre el césped y nunca tuvo opción ni siquiera de acercarse a poder empatar el partido.
Se trata de un descenso más que merecido a tenor de los bochornosos números de unos y otros; 16 derrotas en el filial -el segundo equipo más goleado del grupo- por 15 en el equipo isleño en 34 jornadas. La imagen de ambos, en algunas fases, puso de manifiesto que estaba sobre el verde lo peor de lo peor.
Dentro de ese papel de equipos malos -no parece tan claro que a título individual sea así con los futbolistas-, al menos el Cádiz CF Mirandilla le puso vergüenza deportiva y el mínimo de ganas para terminar con un triunfo que no sirve para nada. Al equipo de Jaime Bugatto, que dependía de sí mismo, no se le vieron esos mínimos de mordiente, ganas, atrevimiento, algo de lucidez o liderazgo. Salió entregado a su suerte y acabó ‘pisoteado’ por un enemigo que corre su misma suerte.
El partido fue un castigo para el poco público asistente, tanto como el caos absoluto para acceder a las instalaciones de El Rosal. No se trató de la cita ideal para mostrar en una escuela de promesas, pues posiblemente cambiarían de deporte.
El San Fernando no se enteró de la película desde el inicio, con un miedo atroz a encajar un gol, y su propuesta ofensiva dejaba mucho que desear fruto de la incapacidad y la impotencia. Sin frescura de cabeza ni de piernas, el Cádiz CF Mirandilla esperaba su momento hasta que lo tuvo con el derribo de Cortijo a Ismael Álvarez. Álvaro Bastida asumió el tiro de penalti y engañó a De la Calzada.
Unos minutos antes del 1-0 las cosas se ponían peor para los de La Isla con la lesión de Germán, un veterano ausente en el partido más importante del año. El descanso fue la mejor noticia para los azulinos.
Tras este, concretamente entre los minutos 60 y 65, se pudo ver lo único potable del San Fernando. Eso sí, tras haber encajado el 2-0 en un desajuste defensivo con Ismael Álvarez marcando a placer. Esa reacción isleña trajo una llegada de Matheo que rechazó Rubén y el segundo intento lo sacó sobre la línea Barea. Casi sin respiro, un centro-chut de Matheo tocó en el travesaño. Ahí se acabó la única cara positiva del equipo visitante, ya que de nuevo bajó los brazos y quedó a merced de un filial que no elevó la victoria al término de goleada por las intervenciones de De la Calzada y la poca puntería hasta en tres remates claros.
Pero la imagen daba igual porque el infierno esperaba a ambos, y así fue como en el minuto 94 el final del partido sentenciaba a los dos con un descenso bochornoso y que sonroja en el césped y en los despachos.
CÓRDOBA: Carlos Marín, Albarrán, Sintes, Marvel, Calderón, Pedro Ortiz (Yoldi 64'), Isma Ruiz (Tounkara 88'), Theo Zidane (Genaro 77'), Carracedo (Adrián Vázquez 88'), Jacobo González y Obolskiy (Antonio Casas 77').
CÁDIZ: David Gil, Zaldúa (Iza Carcelén 46'), Kovacevic, Fali, Mario Climent (Matos 67'), Diakité, Álex Fernández, Sobrino (Escalante 80'), Ontiveros (Víctor Chust 46'), Melendo (José Antonio Caro 37') y Roger Martí.
ÁRBITRO: De la Fuente Ramos (castellano leonés). Amonestó a Sintes por el Córdoba y a Roger Martí, Víctor Chust, Iza Carcelén y al entrenador Gaizka Garitano por el Cádiz. Expulsó a David Gil (34') por roja directa.
GOLES: 1-0 Carracedo (24'), 2-0 Jacobo González (p.) (38'), 2-1 Roger Martí (47'), 2-2 Víctor Chust (59'), 3-2 Carracedo (p.) (73'), 4-2 Antonio Casas (84').
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la 38ª jornada de LaLiga Hypermotion disputado en el estadio Nuevo Arcángel ante 16.891 espectadores.
CRÓNICA: El Cádiz CF ha firmado en Córdoba un partido que es el perfecto resumen de su temporada: una primera mitad esperpéntica, un arranque de casta y genio que le dejan en buena disposición de pelear por todo y una relajación y dejarse llevar que acaba acrecentando esa sensación penosa.
Los amarillos (hoy de azul) han rozado (si no lo han tocado) el mamarracho en la primera mitad, para reivindicarse empatando el partido con un jugador menos y acabar goleados tras dar un paso atrás y bajar el ritmo.
Todo lo de este partido en el Nuevo Arcángel pueden ser la perfecta metáfora de la temporada. A saber:
Decisiones ilógicas y poco entendibles: hoy vestir de azul, por ejemplo. En la temporada la confección de la plantilla.
Patética primera mitad: hoy con dos goles en contra que pudieron ser más y un expulsado. En la temporada casi toda la primera vuelta con Paco López.
El técnico cambia cosas y endereza a un equipo que tira de orgullo: hoy con el cambio de sistema y la más que probable bronca en el descanso que llevan al equipo a empatar en menos de 15 minutos y con un jugador menos. En la temporada, con la racha sin perder con la llegada Garitano y el poco comprensible bajón de rendimiento tras quedarse en tierra de nadie y no poder alcanzar la fases de ascenso.
El equipo se relaja, pierde tensión y el técnico no da con la tecla: hoy con ese respiro que se da el Cádiz tras empatar, el cambio a jugar con cinco centrales y el Córdoba vuelve a merendarse al cuadro cadista. En la temporada con los números que viene firmando y la pésima imagen con la que va acabar una liga en la que va a dar el nivel en menos de un tercio de la competición.
El cuadro cadista da por cerrado el partido (la temporada) antes de tiempo y acaba casi arrastrándose: hoy pensando que con el empate y ese arreón de un cuarto de hora estaba todo hecho. En la temporada, con la imagencita que viene dando desde hace un mes.
El Cádiz vuelve a ser un equipo menor, ramplón y empaña todo lo buen que había hecho: hoy dándole el dominio y todas las facilidades al Córdoba, que le hace otros dos goles que pudieron ser más. En la temporada, acabando como está acabando, y porque los de abajo no terminan de sumar y hay mucho equipos entre el Cádiz y el descenso.
Y así todo, que se dice ahora mucho. Y eso que Garitano volvió a hacer lo que suele: no tocar lo que funciona. O al menos, tocarlo lo menos posible. Así que apostó por el once más parecido al que ganó la pasada jornada al Sporting en casa para jugar fuera de casa. Y con lo que tenía, porque solo podía contar con un 9 puro: un Roger Martí que tras una desastrosa campaña está siendo de lo mejor del Cádiz en este tramo final.
Así, el técnico vasco del Cádiz salió casi con un 1-4-2-2-2, repitió defensa y metió jugones en el campo para asociarse. Arriba mantuvo a Roger y le acompañó del trabajo de Sobrino.
Pero nada. El primer tiempo fue un auténtico baño. En menos de cuatro minutos el Córdoba acumuló dos ocasiones de gol y una anulada por manos de Marvel. Queda claro cómo salió el equipo verdiblanco y cómo lo hizo el cuadro cadista.
Pero es que la estadística al descanso era casi aún más demoledora: un 58 por ciento de posesión y 18 remates en el bando local ante un Cádiz desaparecido y casi ya en modo vacaciones y que acabe pronto la temporada más que en el rol de amarrar por si las moscas la permanencia.
Las dos mejores opciones del Cádiz CF en el primer acto fueron por errores del rival que por acierto de los de Garitano. El primero en un exceso de confianza del meta Carlos Marín (el jugador que más pases realiza del Córdoba) al que casi le roban primero Roger y luego Sobrino. Poco después, una inexistente falta de Roger impidió que el propio Sobrino se plantara solo ante el meta rival.
Fueron los breves minutos en los que el Cádiz logró equilibrar el juego tras el arreón inicial de un Córdoba que le puso un altísimo ritmo al choque. Los de Iván Ania retomaron el control y le generaron muchísimas complicaciones a la defensa cadista con un recurso tan sencillo como usado en otros deportes: colocar al delantero centro casi como pivote para jugar de espaldas a la portería y distribuir juego. Siempre, buscando la espalda de Fali para obligar a Kovacevic a salir de su zona y dejar un hueco en el centro de la defensa.
Así llegó el primer gol local, con Obolskii recibiendo de espaldas con Kovacevic encimándole en el área. Sin embargo, el control quedó algo suelto, Kovacevic no supo qué hacer y nadie acompañó Carracedo, que había dado el pase y buscó el balón para adelantar a los verdiblancos.
Lo peor estaba aún por llegar. En una de esas acciones en el que los centrales no se quieren complicar y nadie baja a recibirla, David Gil se hizo un lío y entre el amague y el medio regate se la dio franca a Pedro Ortiz, al que tuvo que agarrar para evitar el gol en el minito 34. Penalti y expulsión (lo de que no haya doble castigo para cuando se trata de jugar el balón, y agarrar no parece precisamente acción de jugar el balón).
Jacobo puso en el minuto 34 el 2-0 que parecía dejar sentenciado el choque. Entre ambos tantos, el Córdoba pudo lograr algún más, igual que en los minutos finales del choque. La sensación del Cádiz era de un equipo en clara descomposición y lo que es aún más preocupante, probablemente generada por la propia apatía o falta de tensión.
El arranque de la segunda parte fue otra historia. Un espejimos según se vio luego, pero otro mundo. Cómo tuvo que ser la bronca de Garitano a los suyos que el Cádiz deshizo todo lo malo que había hecho en el primer tiempo, que fue mucho, e igualó el choque en menos de 15 minutos. Lástima que la otra historia acabará en ese minuto 15.
El técnico cadista movió piezas en el vestuario y cambió el sistema de su equipo, manteniendo dos puntas y asumiendo los riesgos que le obligaban la pésima primera parte. Garitano sacó a un Ontiveros a años luz de lo que ha sido la mayor parte de la temporada y un Zaldúa al que le estaba faltando un poco de sangre. Y con un 1-3-4-2 con un hombre menos el Cádiz tiró de casta y se hizo con el arranque del segundo acto.
El Cádiz encontró lo que todo equipo tan claramente superado, en desventaja y con un jugador menos necesita: un gol en la primera oportunidad que tuviera. Un golazo de Roger Martí, por cierto, que realizó un giro de cuello de manual para poner el centro de Climent muy lejos del alcance de Carlos Marín.
El tanto envalentonó aún más a los amarillos y unido al cambio táctico los cadistas desarbolaban a su rival. El Cádiz recuperaba pronto y bien y el Córdoba era incapaz de sobrepasar la superioridad cadista en el centro del campo. Y por mera inercia, llegó el segundo gol del Cádiz, en un saque de esquina de Álex que Víctor Chust cabeceó al fondo de la red.
Dos goles en dos remates y el Cádiz había enmendado en un cuarto de hora todos sus pecados del primer tiempo. Con el empate tan pronto, el cuadro cadista levantó el pie, decidió tomar aire y los dos carrileros dieron un paso atrás para integrarse en una línea de cinco más clara en defensa. Incluso Matos reemplazó a Climent, casi reforzando esa condición defensiva.
El cambio de esa inercia que antes acompañaba al Cádiz le dio el balón al Córdoba, que con la pelota y cerca del área rival es realmente peligroso. Ese conformismo y la apuesta por la especulación cuando el choque era claramente cadista lo acabó pagando el conjunto amarillo, que salió claramente goleado.
El cuadro local fue acumulando ocasiones y acercamientos al área de Caro y se mascaba que el empate iba a durar poco. En un saque de esquina, Chust trató de incomodar a Albarrán en un remate que tenía en el punto de penalti, pero su carga en la espalda fue quizás demasiado evidente y el colegiado señaló el segundo penalti para los locales.
El tanto de Carracedo en el 73 fulminó al Cádiz, que en lo que restaba de choque prácticamente deambuló por el campo. De nuevo, rozó lo lamentable por momentos y no recibió más goles, sobre todo, por el buen partido de Fali y Kovacevic en defensa. Ni siquiera volvió a rematar a puerta entre los tres palos en lo que quedaba de choque. Ni con 3-2 ni con 4-2. En frente, un Córdoba que siempre buscaba la meta rival y que parece no saber qué es eso de especular ni cuando ganaba y dominaba, ni cuando se vio superado ni cuando volvió a dominar.
Antonio Casas puso el 4-2 para castigar la racanería de un Cádiz al que no le puede valer la excusa de tener un hombre menos cuando decidió darle el dominio y todo al rival. Las estadísticas del choque son demoledoras y confirman que lo de los cadistas en el Nuevo Arcángel ha estado muy próximo al esperpento, si no llega a ser por ese cuarto de hora que, a la luz del choque, se confirma casi como un espejismo.
De este modo, el Cádiz parece empeñarse en dar de nuevo una pésima imagen de sí mismo, cerrar la temporada casi arrastrándose y tirar por tierra todo lo bueno que llevó a soñar con que podía pelear por todo. En el tramo en el que el equipo quiso, el Cádiz se ganó el derecho para soñar. Ahora, el Cádiz sale casi a pesadilla por partido.
La próxima jornada, de nuevo en viernes, el equipo de Garitano volverá a tener que dar la cara ante su público en el Nuevo Mirandilla. De nuevo para tratar de maquillar esta pésima imagen que está ofreciendo en el último mes y medio desde que parecía claro que no había nada que hacer hacia arriba en la tabla y era más que complicado que los de abajo pudieran meterle el miedo en el cuerpo. El Eldense, el único que podría darle alcanzar, juega el domingo en Almería y está a nueve puntos. El Cádiz debe acabar ya con los fantasmas y temores. Por mucho que le guste especular a este Cádiz de Garitano. Pero sobre todo, debe competir y querer competir un poco. Al menos, guardar las apariencias hasta el final.
cadizdirecto
miércoles, 30 de abril de 2025
LA CRÓNICA DE VERA LUQUE
CHÓFER, ¿QUEDA MUCHO?
El monumento al aburrimiento o tributo a la desidia, como prefieran, que nos tragamos el viernes sólo predice y avisa de una cosa: lo que queda de temporada puede ser calificado como tortura por el Tribunal Internacional de los Derechos Humanos.
Cuidadín tiene que tener el Dúo Estático, no sea que además de rendir cuentas ante el fisco, también acaben en La Haya, cual dictadorzuelos de republica bananera, status que les viene que ni al pelo.
El documental de la 2 de las cuatro de la tarde en el que se convirtió el partido contra el Sporting sólo tuvo tres minutos de descuento en cada tiempo, señal inequívoca de que no pasó absolutamente nada, más allá de los cambios y del gol de Ramos, que vuelve a cumplir llegando a la decena de tantos, cifra lógica y útil para el equipo, siempre y cuando el resto de delanteros se le hubieran acercado una mijita.
Estaríamos más arribita, y seguramente el viernes el sopor lo hubiéramos interpretado como tensión. Fueron en total noventa y seis minutos entre las dos partes, de los cuales ochenta y muchos o noventa y pocos se jugaron a más de 70 millas marítimas de las porterías. El resultado de dos equipos con aspiraciones ,al menos de cara a la galería, mucho más ambiciosas de lo que al final ha resultado ser la temporada. Equipos, históricos, el Sporting más que nosotros, con aficiones que acuden en masa al estadio, con un aroma vintage inconfundible, que se ven en tierra de nadie, sin expectativas de nada, y ojo, en el caso del Sporting, gastando temporadas y temporadas sin moverse de la mitad de la tabla, desperdiciando años como un universitario que no se mueve del bar de la Facultad.
Nos podría pasar lo mismo, y hasta en nuestro caso, sería lo normal. Los delirios de grandeza reflejados en diseños con Photoshop de estadios para 30.000 espectadores se salían de la lógica, y lo saben. A ver que hacen ahora cuando se enteren que nuestro sino es navegar por la categoría de plata, salvo bonitas interrupciones o malditas bajadas a las alcantarillas de forma temporal.
Una gráfica manera de interpretar la realidad del club, y por extensión de buena parte del fútbol actual es la foto oficial del equipo. Esa que un año hicieron en la Plaza de Toros de El Puerto, y que en otra ocasión hicieron tras montar un andamio en plena Plaza de Fragela y subir a la plantilla a la altura de la azotea del Falla. Ya saben, una mañana de compromiso en la que los futbolistas se arreglan con el traje de gala, que no es ni más ni menos que la equipación de todos los días, pero con la vuelta de los calcetines estratégicamente colocada para que no chirrie cualquier atisbo de desarreglo estético. Échenle un vistazo a la de este año.
Verán que hay veintiséis futbolistas, y veintinueve que no lo son. Más de la mitad de los retratados no se ponen las botas ni saltan al césped. El overbooking de chaquetas y corbatas es cuanto menos curioso. Como en el chiste de la canoa, en la que empezaron nueve remeros y un timonel, y acabaron nueve dando órdenes y uno solo remando. La foto que de niño yo colgaba en la pared de mi dormitorio con la intención de aprenderme los nombres de todos los componentes de la plantilla, y en la que a lo sumo se colaba Irigoyen, el preparador físico y Rovira, hoy la copan un elenco de trajes del Corte Inglés, como si fuera la foto oficial de los niños de San Ildefonso.
Los chiquillos que hoy cuelguen el poster no sólo tienen que aprenderse el nombre de veinte tipos que se dedican a la burocracia deportiva, sino también si son jurídicos, economistas o directores de catering, por decir algo. Al fútbol lo invade ya sin remedio el negocio, hasta el punto de que los mercaderes toman el mismo protagonismo o más que los que soportan el juego, los que hacen el regate, los que cabecean a gol, o los que se estiran y la sacan de la escuadra. El cambalache en el que esto se ha convertido ha creado Florentinitos y Laportitas que como ponen la pasta se ven con el derecho de salir en la misma foto que los que de verdad interesan al aficionado: los futbolistas, por muy mantas que puedan ser.
Estaría bien que si al Cadiz B, hoy Mirandilla por respetable antojo de los que ponen la guita, le hacen una foto oficial (que imagino que la habrá de una manera u otra), el cabildo chaquetero que sale en la foto de los mayores, también se pusiera en la foto del filial con ese semblante de persona importante, de yuppie de Wall Street, de pregonero de Semana Santa de Villabotijo de Abajo…más que nada para hacerse cargo también del sonoro fracaso y de la indecente planificación canterana que ha llevado al segundo equipo a bajar dos escalones de un plumazo, cuando la cantera debiera ser uno de nuestros principales activos, si no el que más. Sonrían, miren al pajaritooooo ¡Clic! Retratados.
cadizdirecto
EL CÁDIZ SE QUEDA A 9 DEL DESCENSO, CON 15 PUNTOS EN JUEGO
CÁDIZ: David Gil, Zaldúa, Kovacevic, Fali, Mario Climent, Rubén Alcaraz (Diakité 74'), Álex Fernández, Melendo (Escalante 74'), Ontiveros (De la Rosa 67'), Roger Martí (Carlos Fernández 67') y Chris Ramos (Sobrino 27').
SPORTING: Rubén Yáñez, Kevin Vázquez, Maras, Rober Pier, Cote (Pablo García 70'), Olaetxea, Nacho Martín (Nacho Méndez 60'), Dubasin (Campuzano 79'), Nico Serrano, Gelabert (Queipo 79') y Otero.
ÁRBITRO: Ávalos Barrera (catalán). Amonestó a Carlos Fernández por el Cádiz y a Kevin Vázquez por el Sporting.
GOL: 1-0 Chris Ramos (19').
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la 37ª jornada de LaLiga Hypermotion disputado en el estadio Nuevo Mirandilla ante 13.225 espctadores.
CRÓNICA: El Cádiz CF prácticamente ha certificado su permanencia en LaLiga Hypermotion tras derrotar al Sporting de Gijón en otro soporífero encuentro. Los de Garitano (Gaizka) superaron a los de Garitano (Asier) con un tempranero gol de Chris Ramos y acabaron pidiendo la hora.
El triunfo del cuadro cadista cierra una mala racha de cinco partidos sin ganar y deja al equipo amarillo con 49 puntos, prácticamente salvado. Más por la cantidad de equipos que tiene por debajo que por las matemáticas, pero esa cifra parece suficiente para no pasar apuros.
El técnico del Cádiz pareció apostar por buscar el choque desde el inicio y puso prácticamente todo lo que tenía en liza. Alineó a casi todos los jugones y tocó levemente su dibujo, tratando de dejar claro que el cuadro amarillo era el que más se jugaba, tratando así de darle ese empujón de intensidad que le venía faltando a los suyos. De este modo, Garitano (Gaizka) alineó a dos medias puntas que generan juego como Ontiveros y Melendo junto a un doble pivote más ofensivo con Alcaraz y Álex y dos hombres arriba con Chris Ramos y Roger.
Y el Cádiz salió mejor que su rival. Los amarillos tuvieron más presencia ofensiva y tenían más el balón. Además, atrás, no sufrían en los intentos de contra de los asturianos. La ofensiva cadista encontraba con relativa facilidad a sus puntas y Melendo aparecía más y mejor que un Ontiveros que no termina de volver al extraordinario nivel que había mostrado hasta hace poco más de un mes.
Una buena conexión entre Roger y Melendo estuvo cerca de convertirse en una clara ocasión, pero Maras se adelantó al delantero en el pase en profundidad tras la doble pared con Melendo. Fue el aviso de lo que vendría poco después. Antes, dos intentonas visitantes sin buenos remates.
Pero en el 18, Chris Ramos recibió de cabeza de Roger y tras avanzar unos metros, en lugar de apurar su carrera como hace en otras ocasiones, disparó desde la frontal sorprendiendo al meta sportinguista. Con este tanto, el gaditano suma diez esta liga e iguala a Ontiveros como máximo realizador cadista.
El tanto dio paso a unos minutos de equilibrio en el juego, que se acabaron con la lesión del propio Chris Ramos. La salida del delantero supuso el final del dominio cadista y el inicio de una hora de superioridad visitante en casi todos los aspectos del juego, salvo en el gol, el que realmente importa. David Gil, con tres buenas intervenciones (sobre todo una en el minuto 69) y Kovacevic, otra vez, tapando cualquier posible vía de agua atrás comandaron la defensa cadista.
Aún, hasta el descanso la superiodad estadística sportinguista no fue tan clara, como no lo fue en el juego. Especialmente en la posesión, donde en el último cuarto de hora del primer acto los amarillos aún dispusieron del balón y de algunos acercamientos.
Pero tras el descanso, todo cambió. Ya desde el saque de centro se pudo ver claramente que el equipo de Garitano (Asier) se iba a lanzar al ataque a tratar de, al menos empatar el choque. Y es que en esa jugada fue el meta Yáñez el que lanzó el balón a la zona de ataque de su equipo desde fuera de su área.
El Cádiz CF fue aguantando y defendiéndose bien mientras el cuadro asturiano iba dando pasitos hacia el frente y teniendo cada vez más el balón. Y toda esa sensación de dominio visitante, territorial y por posesión, se acrecentó pasada la hora de juego. Fue cuando Kovacevic comenzó a aparecer por todos lados: a la espalda del lateral, echando un cable a Fali, ayudando a los medioscentros...
El equipo local pareció caerse físicamente (como en los peores momentos del inicio de la campaña, cuando a la hora de juego el equipo perdía el sitio) y Sporting lo arrinconó en su terreno de juego. Garitano (Gaizka) movió fichas para refrescar líneas y volvió a cambiar su dibujo, acabando en un 1-4-1-4-1 con Diakité como ancla por delante de la zaga.
El Sporting seguía empujando y acercándose a las inmediaciones de David Gil, que evitó el empate, sobre todo con la citada parada del minuto 69. Otro disparo más algunos minutos después desde la frontal fue la última ocasión real de los visitantes, que siguieron intentándolo hasta el final.
Por su parte, el Cádiz era presa de su propia ansiedad. Un par de buenas internadas de De la Rosa y Climent no encontraron rematador, quizás por precipitación en el último pase. Una precipitación que se notó también en defensa en los últimos compases. Como en el córner que subió a rematar el meta Yáñez en la que fue la penúltima acción, cuando quedaba aún más de un minuto. Los amarillos despejaron el saque de esquina como si no hubiera que seguir jugando, lo que prolongó la agonía con una falta en la frontal que lanzó Otero para, tras revisión del VAR por si había mano de algún integrante de la barrera, acabarse el partido.
El pitido final supuso un respiro de alivio para el cadismo, tanto el equipo como la grada. Y seguro que para los directivos, que tuvieron una tarde-noche complicada en la que escucharon críticas e insultos de parte de la afición antes, durante y después del partido.